¿Alguna vez has sentido que no mereces tu trabajo? ¿Que tus logros han sido fruto de la suerte? ¿Que, en cualquier momento, alguien va a “descubrir” que no estás tan preparado como pareces? Si alguna de estas preguntas te suena familiar, no estás solo: podrías estar experimentando el síndrome del impostor en el trabajo.

En este artículo exploramos en qué consiste este síndrome, cómo se manifiesta, sus causas, a quién afecta con mayor frecuencia… Y, sobre todo, qué podemos hacer desde las organizaciones para gestionarlo y reducir su impacto en el entorno laboral.

¿Qué es el síndrome del impostor en el trabajo?

El síndrome del impostor en el trabajo hace referencia a la sensación persistente que tiene un trabajador de no ser merecedor de los logros que se le atribuyen o del puesto ocupa. Esto ocurre a pesar de tener las competencias necesarias para estar dónde está. Pero, quien sufre este síndrome, tiende a creer todo lo contrario, centrándose en sus carencias y puntos débiles.

Una encuesta en LinkedIn realizada en España reflejó que un 63 % de los encuestados reconoció haber sentido el síndrome del impostor en el entorno laboral en algún momento de su carrera.

Las personas que experimentan el síndrome del impostor sienten que están «engañando» a los demás y temen ser descubiertas como un «fraude», aunque objetivamente tengan éxito o reconocimiento dentro de sus equipos y de cara a sus responsables.

¿Cómo se manifiesta el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor en el trabajo no siempre se presenta de forma evidente. De hecho, la mayoría de personas que lo experimentan no son conscientes de ello, hasta pasado un buen tiempo. Sus manifestaciones pueden ser distintas según la forma de ser de la persona, el entorno de trabajo en el que se encuentra o el momento profesional que atraviesa. 

Síntomas del síndrome del impostor en el trabajo

A pesar de todas las circunstancias nombradas anteriormente, que influyen en los síntomas visibles de este síndrome, hay ciertos patrones que suelen repetirse:

Miedo al descubrimiento:

Las personas que sufren el síndrome del impostor viven en constante tensión, creyendo que en cualquier momento alguien se dará cuenta de que no están a la altura.

Autosabotaje y sobreesfuerzo:

No hay mayor enemigo que uno mismo. Cuando se sufre el síndrome del impostor en el trabajo, las personas afectadas tienden a querer demostrar constantemente que son válidas. Así, se sobrecargan de tareas para «compensar» lo que creen que son sus carencias en cuanto a conocimientos o habilidades.

Dificultad para aceptar logros:

Cuando algo sale bien, les cuesta creer que podría ser gracias a ellos. Tienden a quitar mérito e importancia a aquello que consiguen realizar con éxito.

Comparación constante con otros:

Quien sufre este síndrome, suele tender a compararse con los demás, quedando siempre en una posición inferior al resto, desde su perspectiva.

Perfeccionismo paralizante:

Es una forma de perfeccionismo que impide la acción, y la sustituye por un bloqueo que hace que la persona no pueda avanzar o tomar decisiones.

Imagen sobre los síntomas del síndrome del impostor en el trabajo para el artículo de INTERIM GROUP

¿A quién afecta el síndrome del impostor en el trabajo?

Aunque es cierto que este síndrome puede afectar a cualquier trabajador, perteneciente a cualquier sector, es cierto que existen algunos grupos que, según los estudios y encuestas, son más propensos a verse afectados. Factores como la falta de experiencia, la presión social o los cambios de contexto profesional pueden aumentar la inseguridad y el sentimiento de no estar a la altura. En este contexto, los grupos más vulnerables son los siguientes:

Los profesionales junior

Los perfiles más jóvenes o recién incorporados al mercado laboral suelen experimentar el síndrome del impostor en el trabajo con mayor frecuencia. ¿Por qué? Al inicio de una carrera laboral, es normal enfrentarse a entornos desconocidos, procesos nuevos e incertidumbre. Aunque este periodo de adaptación es natural, en algunos casos puede llegar a vivirse (bajo la autopercepción) como una señal de “incompetencia”, de no estar preparado todavía. En este contexto, influye también la tendencia a compararse con otros compañeros más experimentados.

Mujeres en puestos de liderazgo

Numerosos estudios e investigaciones coinciden en que las mujeres que ocupan roles de liderazgo tienden a experimentar el síndrome del impostor en mayor proporción que sus colegas hombres. Esto puede estar influenciado por estereotipos de género arraigados, techos de cristal invisibles. En contextos donde históricamente ha habido menos representación femenina en cargos directivos, algunas mujeres pueden sentir que deben esforzarse el doble para demostrar que son competentes, cosa que suele traducirse en inseguridad y estrés.

Personas en procesos de promoción o cambio de rol

Asumir un nuevo puesto con mayores responsabilidades puede desencadenar sensaciones de inseguridad, incluso en profesionales que ya cuentan con años de experiencia. El hecho de enfrentarse a nuevas tareas, liderar equipos o tomar decisiones estratégicas puede hacernos creer que no estamos lo suficientemente capacitados para afrontar el reto, pese a contar con todas la preparación y habilidades necesarias. En casos como este, el síndrome del impostor se manifiesta como el miedo a no cumplir con las expectativas, tanto las propias como las ajenas.

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Causas comunes del síndrome del impostor

Llegados a este punto, sabiendo ya cuáles son los síntomas y consecuencias del síndrome del impostor en los equipos de trabajo, debemos preguntarnos: ¿Cuáles son los motivos que fomentan la aparición de esta sensación de inseguridad entre los equipos? A continuación, mencionamos las causas más frecuentes:

Entornos altamente competitivos o exigentes

Cuando se trabaja en empresas donde se valora la excelencia constante, el rendimiento extremo o la comparación entre compañeros, es fácil sentir que nunca se está a la altura o que los logros no son suficientes.

Falta de experiencia o novedad en el rol

Empezar un nuevo trabajo, asumir más responsabilidades o cambiar de sector puede hacer que una persona dude de sus capacidades, aunque esté perfectamente cualificada para el puesto.

Autoexigencia y perfeccionismo

Las personas que se imponen estándares muy altos tienden a sentirse decepcionadas consigo mismas, incluso cuando logran buenos resultados. Esta necesidad de hacerlo todo perfecto alimenta la inseguridad y la sensación de no merecer el éxito.

Estereotipos de género o culturales

Grupos históricamente subrepresentados (como mujeres en liderazgo o personas de minorías étnicas) pueden sentirse fuera de lugar en determinados entornos. Esto genera presión por demostrar ser merecedores del puesto o la responsabilidad otorgada, cosa que intensifica el miedo a ser descubierto y considerado un «fraude».

Falta de feedback claro o reconocimiento

Cuando en una empresa no hay cultura de dar feedback positivo o no se tiende a celebrar logros de forma compartida, los empleados pueden pensar que su buen desempeño es cuestión de suerte o que, directamente, es inapreciable. Esta situación favorece, una vez más, la inseguridad y la autocrítica.

Conclusión

En definitiva, el síndrome del impostor en el trabajo es un síndrome mucho más presente y generalizado de lo que nos gustaría. Especialmente, este tiende a aparecer con mayor facilidad en colectivos vulnerables como mujeres en puestos de liderazgo, profesionales junior o personas que cambian de sol y adquieren responsabilidades nuevas de forma rápida y sin tiempo para hacerse a la idea.

Por eso, como empresa, fomentar una cultura de feedback constructivo y positivo, de celebración de logros y reconocimiento y apostar por la formación y desarrollo del talento desde dentro de la propia organización, son claves para evitar que este síndrome se extienda entre nuestros equipos.

FAQs sobre el síndrome del impstor en el trabajo

Este síndrome aparece cuando un trabajador o trabajadora siente que no está a la altura del puesto que ocupa y no se ve capaz de cumplir con sus responsabilidades, pese a estar cualificado y preparado para ello. Este síndrome se manifiesta en forma de miedo a que los demás descubran que somos un «fraude».

Algunos de los síntomas que evidencian que se sufre este síndrome son: atribuir los logros a la suerte; tener miedo constante a “ser descubierto”; sentir que no mereces el puesto que ocupas; o buscar un perfeccionismo paralizante que, en realidad, lo que hace es evitar la acción y tu progreso.

Sí, es más común de lo que podemos creer. Según las encuestas, el 63% de las personas trabajadoras reconocen haberlo experimentado. Especialmente, aparece entre profesionales con altos cargos, recién ascendidos, profesionales junior, o mujeres en entornos que, tradicionalmente, han estado ocupados por hombres.

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